Return Of The Damned

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 Vivir de un recuerdo no es vivir. Parte I

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Kuma Almasy
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MensajeTema: Vivir de un recuerdo no es vivir. Parte I   Mar Sep 01, 2009 2:55 pm

Al igual que Vrolok, os dejo aquí un pequeño texto de no hace mucho. Espero que os guste y teneís total libertad para opinar sobre el.
Lo pondre en varios post que no me deja hacerlo solo en uno^^.


Mi reflejo me miraba desde el suelo. Toda aquella plaza estaba encharcada y las nubes amenazaban con inundarla de un momento a otro. Decidí sentarme, fumar y escuchar algo de música. Apenas faltaba media hora para su llegada. Los mismos nervios, el mismo entumecimiento en las manos, el mismo frió. Todo es igual. Lo siento como si todavía me encontrará en aquella plaza. La noche era realmente fresca, no llegaba a diferenciar el vapor de mi respiración del humo del veneno que inyectaba a mis pulmones. Inevitablemente perdido, sin saber qué palabra le diría al llegar, sin saber si quiera si besarla o simplemente mirar a otro lado, busqué consuelo en el cielo, busque a la dama blanca, que no se encontraba disponible esa noche para mí.
Desde la lejanía, una campana anunciaba la llegada de las once, la hora en la que ella debía llegar, la hora en la que de nuevo después de tanto tiempo vería a mi niña perdida. En la lejanía de una ancha calle pude entre ver su silueta, su pelo, el sonido de sus tacones y su mirada lapislázuli. De forma improvisada, decidí agachar la cabeza. No podía apartar mi mirada de ella. La pude ver claramente. Su sonrisa perfecta, su piel suave y clara que tanto echaba en falta. Sus pantalones anchos que tan bello trasero le dibujaban. Su palestina blanca y negra con su olor, que deseaba arrancar de su cuello y llevar a mi cara para respirar su perfume, para creer que todo seguía como antaño para respirar su perfume, para creer que todo seguía como antaño. Pero me engañaba, no sería la primera y única vez de la noche. Su pelo castaño había desaparecido para dar paso a una melena rubia. Los pantalones habían sufrido un cambio, ahora eran ceñidos a ser ceñidos. Y su mirada ya no era la misma, no brillaba y no dibujaba automáticamente en mi cara una sonrisa como en los buenos tiempos, en lugar de ello, mi pecho parecía querer estallar.
-Hola- su voz.

Escuche su voz. En mi lucha por mantener el control, no pude ver que ella ya se encontraba a mi lado.
-Buenas- le contesté sacando fuerzas de ni si quiera sé yo dónde, Le respondí con una falsa tranquilidad en mi rostro.
-Siéntate, es un lugar muy tranquilo y agradable- dando unas palmadas en el banco le ofrecí un hueco a mi lado, en el mismo banco de piedra que consiguió congelar mi culo en un tiempo record.
Y así fue como se sentó, cerca de mí. Al alcance de mis manos. De nuevo todo su ser se encontraba a mi lado, a escasos centímetros. ¿Y qué hice en ese momento? Por supuesto lo más sensato, hablar de estupideces e incoherencias que no llevaban a ningún lado. Sólo al dolor, a los recuerdos de lo que un día vivimos juntos, a preguntas y comentarios sobre personas que me la sudaban de forma estoica y que sus vidas me importaban tanto como si mañana amanecía o no. Esa incoherente conversación que no llevaría a nada, sólo me sirvió para una cosa: para darme cuenta, de que me tendría que haber dejado los sentimientos en el cajón de mi mesita de noche antes de salir de casa. A cada segundo buscaba la comprensión en su mirada, el brillo que un día encendí y que era sólo para mí, ese brillo que no encontraba. Entre palabras, bromas y sandeces, como siempre, hubo algo que se escapó de mi mano. ¿Lugar tranquilo? Sí, claro.
-¿Y si te empujo qué pasa?

Estúpida frase de algún ejemplar humano insignificante e ignorante. Ejemplar que para mí desgracia se encontraba a mi espalda, individuo (mejor coma) que sin duda no tenía invitación para esta velada de luto. Luto, por lo que un día me llenó de vida y ahora me la arrebata segundo a segundo.
Me giré. Por suerte sólo era un pobre vagabundo que divagaba acerca del origen de la plaza en la cual compartía el tiempo con un viejo amor y la dueña de mis sueños y pesadillas más inconfesables.
Aunque las cosas estaban muy frías entre ella y yo, ambos nos compenetramos a la perfección a la hora de huir de aquel pobre infeliz. Con una excusa algo infantil, nos larguemos de aquella plaza, inundada de lágrimas.
Tras andar sin ningún rumbo fijo, decidí que sus tacones resonarán en las viejas callejuelas de mi conocido y familiar barrio, el Carmen. La poca conversación y mis intentos fútiles de que nuestras miradas coincidiesen es la poca crónica que se puede dar del paseo. Al llegar al bar, donde cada esquina poseía un recuerdo, donde miles de veces antes nos habíamos devorado sin ninguna consideración, donde todavía quedaban demasiado “te quiero” escritos en las paredes que llevaban nuestras iniciales. En aquel lugar que por suerte también estaba poblado por viejos y nuevos conocidos, por amigos y enemigos, por buitres y carroña de la sociedad. En aquel lugar al fin en toda la noche, me logré encontrar más seguro y menos abatido.
La dejé sentada en una mesa, con viejas amistades comunes...
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Kuma Almasy
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MensajeTema: Re: Vivir de un recuerdo no es vivir. Parte I   Mar Sep 01, 2009 2:56 pm

Aproveché para pedir apoyo a unos de mis más allegados. En la calle, la duda me embargó:
-¿Pero la quieres?- me dijo con cara de mafioso retirado y cansado de juegos. Me miraba con una ceja arqueada mientras el humo de su cigarrillo ocultaba su otro ojo.
-Ni si quiera lo sé- le conteste cabizbajo, rendido, sin fuerzas ni ánimos.
-¿Entonces? ¿Por qué te jodes así? ¿Por qué te torturas?
-Supongo que soy demasiado estupido, ¡Joder! Son dos putos años, dos jodidos años- La irá que siempre escondía desde aquella nefasta noche que nos abracemos por última vez, salió a flor de piel, clamando el cuerpo de algún subnormal engreído al que machacar.
-Sé como te sientes. No es nada fácil ¿y sabes lo mejor de todo? Que este cuento únicamente depende de ti. Solo tú te podrás dar cuenta. Solo tú le darás un final, salir del pozo o seguir metido en él, con la mierda hasta el puto cuello- fue un comentario altamente hiriente. Me lo dijo con voz calmada, dejando caer su mano sobre mi hombro. Con una sinceridad, crudeza y odio hacía sus propias palabras que logró calmar mi rabia repentina.
Pocas palabras más salieron de nosotros. Me dejo algo de pasta y me abrazo. Realmente me sentía bien entre sus brazos. Sentía como un gran escudo me protegía. Creo que fue una de las pocas veces que agradecí la presencia del amor paternal en alguien. Y de algo estoy seguro, fue de las pocas, que iba dirigido a mí. Sin más dilación me metí para dentro, eso sí, sin dejar de escuchar su frase estrella desde la esquina.
-¡Dios! Qué vida más perra

Típica y realmente cierta.
La busqué con la mirada por el bar. Mi pequeña se había quedado sentada donde la dejé. Mirando al vació, sería y bella como solo puede serlo ella.
-Ponte la chaqueta, nos vamos ya- le dije con cara de pocos amigos. No pude remediarlo. La batalla contra mis propios demonios, deseos y recuerdos era demasiado cruda en mi interior. Demasiado como para fingir estar feliz, triste o simplemente como siempre.
De nuevo en la calle dejemos atrás nuestro primer destino. La noche seguía. Admiraba su manera de andar con tacones, le hacían unas piernas deliciosas. Y si morir por sus andares no era suficiente, mi mente, mis recuerdos, se empeñaban en joderme de nuevo. Le quitaban todas aquellas prendas que sobraban. De nuevo sus converse negras y sus dos coletitas lucían en ella. Sus pantaloncitos marcando ese delirio que tenía por culo y su sudadera de “Odio a los mayores”. Todo aquello. Aquella visión tan maravillosa. Sólo era un puñetero recuerdo. Mi mente me torturaba, montó aquel circo sólo para después dejarme ver cómo se desvanecía. Cómo se convertía en polvo, cómo caía al suelo y desaparecía. Lo único que deseaba era estar a solas con ella y cogerla de la mano. Pedirle perdón y escuchar cómo ella me lo devolvía con su dulce voz. Sentir cómo me abrazaba y me decía que no pasaba nada, que me seguía amando, que no sufriera más por ella, que estaba ahí. Deseaba sentir que todavía era mía, y oírla decir que yo era de su propiedad
¿De verdad debía esperar aquello? Ni siquiera existía una triste mirada de compasión que llevará mi nombre. Llegamos, deseé que el local estuviera vació, que los sofás aguardasen nuestros traseros, incluso deseé que no hubiera música, que ninguna nota me pudiera dar en la neura sensiblona. Quise que hubiera algún rincón donde sentarnos y hablar mirándonos a los ojos, un lugar donde permanecer escondidos y a solas. Por desgracia para mí, allí se encontraban unos conocidos. Mi relación con estos individuos iba desde la amistad hasta la indeferencia, de forma escalonada. Todavía no sé por que nos sentemos con ellos. Saludé a todos, al menos había una parte positiva. Una amiga de hace muchísimos años, desde que nos conocimos se preocupó por mi vida y mi forma de verla. La pobre no tenía ni la mitad de la información de por qué era como era. Ni siquiera tenía poder para cambiar nada de mí, pero al menos lo intentaba y era de agradecer.
Me acerqué a la barra, saludando a la jefa del local. Me preguntó cómo me iban las cosas, por el trabajo y como última gran pregunta, por mi acompañante. Le dije poco, una amiga nada más. No sé si es que mentir no era lo mió esa noche o simplemente me conocía más de lo que yo pensaba, pero en ese momento entendí muy bien su mirada, mientras me servía. Va ser cierto lo que dicen. El diablo sabe más por viejo que por demonio. Me aleje de la barra con dos cervezas y la cartera nuevamente vacía. Con una en cada mano me dirigí de nuevo a la dichosa mesa donde se encontraba. Me senté y le di una de las cervezas. Ni un gracias, ni una sonrisa, nada. Me sentí una vez más como un estúpido. Cronos anduvo bailoteando una canción lenta y triste por todo el local. Yo, mientras, luchaba conmigo mismo. Peleaba con mis sentimientos, con mis recuerdos, con mis demonios. Mantenía una conversación con cada una de las posibilidades.
-No sé qué coño haces aquí. ¿No te das cuenta? Se ha olvidado, ya no existes para ella.- mis demonios de caras tristes luchaban por protegerme del rechazo y hacerme entrar en razón.
-Dile lo que sientes, no sabes lo que puede pasar. Siempre hay una última oportunidad.- aunque la esperanza no se rendía llenándome la cabeza de posibles finales felices.
-¿Pero es que no la ves? No es ella, ya no es ella. Nunca volverá. Esta maldita perra ni te merece.- debo admitir que el alegato de mi orgullo me resonaba como dulces notas en mis oídos.
-Mira esas piernas, ¿lo recuerdas? Todas aquellas veces que gimió sobre ti. Todas aquellas veces que la embadurnaste con “amor”. ¿Sabes qué? Nunca más lo volverás a hacer. Ahora ya no es tuya, muchísimos imbeciles se la follarán, pero tú…no- Tras tal comentario por parte de mi enterrado odio y mi inseguridad, sólo pude agachar la cabeza.
Mirando al suelo, con miles de voces resonando en mi cabeza. Tantas voces que cada vez gritaban más, que cada vez hablaban más y más rápido. Estaba a punto de volverme loco.
-Dame un cigarro.- pude escuchar de nuevo su voz. Las voces cesaron, todas se callaron ante la voz más dulce del lugar, pero la más fría al mismo tiempo.
Busqué en mi chaqueta sin levantar demasiado la cabeza y le serví el amargo veneno. Realmente era asqueroso ver cómo fumaba. Me sentía mal envenenándola de esa manera. Pero era su vida. Supongo que ese sentimiento se veía, en parte, creado por mi forma de ver el tabaco y cualquier otro vicio o droga. Realmente siempre que he fumado, me he drogado e incluso he follado con desconocidos, ha sido siempre a la espera del ansiado final, de ese poético epitafio digno de la más triste obra. Ese ansiado final que no llegaba.
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Kuma Almasy
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MensajeTema: Re: Vivir de un recuerdo no es vivir. Parte I   Mar Sep 01, 2009 2:56 pm

Entonces un nerviosismo recorría mi cuerpo. Flaqueé, me sentía débil.
-Alba acércate- le dije mientras con el dedo le hacía señas.
Ella puso su pelo y su oreja cerca de mi boca y dije algo que todavía no entiendo, pero que necesitaba decir para no explotar.
-Lo siento.- mi garganta enmudeció. Mis ojos no pudieron evitar mojarse de parte a parte. Y ella me miró, por primera vez en toda la noche, me miró directamente a lo ojos.
-¿El qué?- me preguntó con cara de indiferencia.
-Lo sabes muy bien- le contesté sin fuerzas y procurando que mis ojos no se desbordasen.
Entonces no sé muy bien por qué, ella me abrazo. Sus manos tocaron mi espalda, todo su pelo se poso cerca de mi cara dejándome oler su perfume. No recordaba lo dulce que era estar entre sus brazos. Los míos acariciaron su espalda, echaba de menos cada centímetro de su piel. De hecho, añoro cada día cada rincón de su cuerpo y cada pedazo de su alma.
Nos separamos de mutuo acuerdo mirándonos a los ojos. De repente el mundo volvió a escena. De nuevo sin ofrecerme nada que valiera la pena.
Decidí fumar y entrometerme en algunas de las conversaciones que tenían lugar en la mesa. Uno de ellos, Fran me ofreció un juguetito de última generación. Una especie de pen mezclado con móvil. En la memoria del aparatejo, esté guardaba las fotos de su pasado cumpleaños. Le eché un vistazo por encima. Sin motivo ninguno, pero con mucha ilusión, dejé que mi niña perdida fuera partícipe del visionado. Me sorprendí. Comentándole algunas de las fotos con mi mejor sonrisa. Yo todavía podía leer sus ojos. Podía saber lo que pensaba con sólo mirarla, por sus gestos y sus expresiones. Sabía de sobra que no le importaba lo más mínimo, que no quería verlas y mucho menos que le contará nada. Terminé de ojearlas y le devolví el dichoso trasto a su legítimo dueño.
Las horas pasaban lentas, muy lentas. En esos momentos notaba como todo mi ser deseaba a mi perdida niña. Hubiera matado a todos los presentes tan sólo por una caricia suya. Hubiera vendido mi alma, hubiera dejado todos mis principios enterrados si con ello consiguiera una puta caricia, una palabra amable o tan sólo una sonrisa. Por mucho que desease poco conseguiría. Y estaba más que claro, yo no podía hacer nada. ¿Cómo usar los pocos encantos que posee uno con una persona que ha convivido contigo durante dos años? Ella no haría nada para borrar mi tristeza. Y yo no podría hacer nada para que su corazón latiese de nuevo por mí.
-Me tengo que ir- dijo de repente, cogiendo sus trastos del suelo.
-Te acompaño- le dije, sin estar convencido y sobretodo, sin ninguna gana. Sabía que tocaba el adiós y cuanto más lo retrasase más podría sufrir en silencio a su lado.
Me despedí de todos los presentes entre preguntas de mi próximo destino. Me hice un tanto el loco. Incluso prometí que volvería con ellos, sabiendo de sobra que no sería así.
Salimos a la calle. Hacía frió y realmente andábamos solos por ciudad. Sabía bien el camino. Miles de veces nos habíamos ido antes del mismo lugar, cogidos de la mano hasta el autobús, con una sonrisa pintada en nuestras caras. Antiguamente, ahora todo era muy diferente e incómodo.
Si anteriormente nuestra conversación fue escasa, ahora iluminaba la ciudad con su ausencia. Llegamos a la parada del dichoso bus, vehículo que miles de veces nos llevó a nuestros hogares abrazados el uno al otro, entre caricias y besos. Ella se apoyó en la barra de los asientos. Yo en el cartel. Esperemos y esperemos. Sólo pude oír su voz para escuchar cómo se quejaba del frió y del pésimo servicio de transporte público. Finalmente llegó. Con la típica despedida y un par de besos en las mejillas se despidió de mí.
Me quedé sólo en la parada, mirando la parte trasera del autobús, maldiciéndolo una y mil veces. Lo perdí de vista por la avenida, se fue. Pensé qué hacer, dónde debía dirigirme. Sin más, busqué entre mis bolsillos mi mp3, mi fiel compañero de camino, comencé el camino a ninguna parte. La música se volvió indiferente. Mis pensamientos me absorbían. Por el camino pensé, en mi gran desgracia, en como superaría aquello. Que podía hacer o no hacer.
-Te ha dejado de nuevo.- de nuevo miles de personalidades hablaban en mi cabeza sin ningún derecho.
-No merece la pena.
-Acaba con esto, ¿ves ese puente? Es alto, acaba de una vez. Escribe tu epitafio contra el suelo de una vez.
-No la necesitas.
-No te merece.
-No te la merecías. Es todo culpa tuya.
-¡Callaos!- grité muy enojado y casi llorando en medio de la calle.
Al volver a ser conciente me di cuenta del lugar donde me encontraba. Mi casa. Había transcurrido casi una hora desde que la dejé en el autobús y mis pasos me encaminaron a mi lúgubre y frío hogar. Subí por ascensor mientras desconectaba mi mp3. Abrí la puerta despacio. En mi cuarto me esperaba mi confidente y mejor amigo. Como siempre, su recibimiento fue dulce, cariñoso, ante todo, lleno de lametazos que llevaban mi nombre escrito. Me senté ante el ordenador. No pude evitar buscar la carpeta con sus fotografías, desear volver atrás. Quise rectificar, luchar contra todo lo que nos separó.
Llegué a esas fotos tan íntimas, donde nuestros cuerpos retozaban desnudos el uno junto al otro. Recordé las miles de veces que se disfrazó para mí, que se puso prendas sólo para alimentar mis fantasías. Todas aquellas veces que de cuclillas gimió con pasión sobre mi cuerpo, cómo sus tacones se clavaban en mi cama. Cómo sus pechos se movían al ritmo que nosotros marcábamos. Todas aquellas ocasiones que manché su cuerpo con mi amor, todas aquellas veces que me deleitaba con su miel mientras los espasmos hacían mella en su dulce y sensual cuerpo. Recordé todo aquello que echaba en falta, todo aquello por lo que quería rectificar. Sólo quería escuchar de nuevo de sus labios un puto “te quiero”. Haría lo imposible. Pero lo imposible no serviría de nada.
Entre estúpidos pensamientos de milagros irrealizables me acosté en mi cama y sin más rompí a llorar como un crío. Sólo, inmensamente sólo en mi cama. De nuevo sentía el gran vació. Lo inmensa que era mi y triste que mi vida si mi niña no estaba en ella. De nuevo noté cómo mi cuerpo se retorcía de dolor por sus caricias que ya no eran mías. Pero por primera vez, fui consciente de que estaba sólo, que no era mía y que por mucho que hiciera no volvería a ser mi niña de dos coletas.

Fin
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MensajeTema: Re: Vivir de un recuerdo no es vivir. Parte I   Mar Sep 01, 2009 4:02 pm

Bueno e de decir que te felicito por ser tan fuerte y espero que ayas superado a dia de hoy esta narración personal, ya que los lugares mencionados sin nombre los conozco como la palma de mi mano y no hace falta nombrarlos tu descripcion los delata y las cayes de ese tetrico lugar llamado el barrio del carmen tambien llevan mis lagrimas porque ami tambien me sucedio algo asi en ese mismo lugar, las conversaciones estupidas al verla de nuevo son inevitables ya que si intentas hablar de otra cosa la nuez de tu garganta se seca y agranda impidiendote el habla y tus ojos te delatan y tu no quieres eso, quieres que todo sea como antes sin esfuerzo, pero en tu interior sabes que eso nunca mas pasará, es logico te entiendo a la perfeccion y me an gustado varias partes en las que me e sentido identificado como la que te acavo de comentar, aun asi todo se supera, todo pasa y en parte se olvida y luego te acuerdas de lo patetico que fuiste ese dia y te ries, en fin al mal tiempo buena cara, yo hoy en dia puedo dar gracias porque estoy muy feliz y e logrado olvidar todos los amores del pasado que no hacen ningun bien a la mente ni a el futuro...

Ademas todo eso siempre sirve, nos hace cambiar y ser diferentes y espero que para mejor, para no repetir esos errores del pasado, que a dia de hoy yo espero no repetir. Me a gustado mucho el texto 10/10 para ti. cheers

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MensajeTema: Re: Vivir de un recuerdo no es vivir. Parte I   Mar Sep 01, 2009 9:48 pm

Gracias Vrolok me alegro de que te haya gustado y sobretodo de que te sientas identificado, eso significa que transmito bien^^ y tranquilo se que todo se supera. =)
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MensajeTema: Re: Vivir de un recuerdo no es vivir. Parte I   Miér Sep 02, 2009 3:38 pm

Muy buen texto , completisimo y totalmente detallado con un ambiente tétrico.

10/10 por mi parte

king

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